Una despedida de soltera diferente, sin disfraces ni vergüenza ajena
Cómo montar una despedida que la novia recuerde con cariño y no con apuro. Ideas de plan de mañana en Elche para grupos de todas las edades.
Hay un momento en toda despedida en el que alguien mira el reloj. Suele coincidir con la banda de «novia» y con la tercera prueba humillante de la lista. Y suele ser evitable.
Esto no va de que las despedidas clásicas estén mal. Va de que hay grupos a los que no les pegan, y de que decirlo en voz alta cuesta.
Antes de organizar nada: pregunta
Parece obvio y casi nadie lo hace. La despedida es de la novia, no de quien la organiza, y hay dos preguntas que ahorran disgustos:
- ¿Te apetece que sea de sorpresa o prefieres saber qué vamos a hacer? Mucha gente dice sorpresa por educación y luego lo pasa mal.
- ¿Hay algo que directamente no quieras? Disfraces, alcohol, madrugar, hablar en público. Una lista de tres cosas prohibidas resuelve el 90 % de los problemas.
El problema de las despedidas de noche
No es que sean malas: es que son caras, largas y excluyentes. Caras porque cena más copas más alojamiento se dispara. Largas porque empiezan a las diez y terminan sin hora. Y excluyentes porque dejan fuera a la prima con dos niños, a la amiga que trabaja el domingo y a la madre de la novia, que muchas veces quiere estar y no encuentra el hueco.
Una despedida de mañana cambia eso: cabe todo el mundo, se sabe a qué hora acaba y sobra el resto del día.
Qué funciona por la mañana
Algo que se haga con las manos. Es la clave. Cuando el grupo está ocupado en algo concreto, se habla de verdad, se mezclan los subgrupos —las del trabajo con las del colegio— y nadie se queda mirando el móvil en una esquina.
Comida de por medio, no al final. Partir la mañana con un almuerzo largo cambia el ritmo y da el momento de brindis sin necesidad de montarlo.
Algo que se llevan a casa. Doce bolsas pintadas por doce personas distintas es un recuerdo mejor que doce fotos iguales.
Cómo lo montamos nosotros
Nuestros talleres duran dos horas, de 9:30 a 11:30, y se pueden reservar en grupo privado: elegís el día, el taller y sois solo vosotras. Sábados, domingos y festivos.
Para un grupo grande el que mejor funciona es el dripping colectivo: se pinta de pie, entre todas, sobre un lienzo enorme en el suelo, y a los diez minutos ya no queda ni rastro de la timidez inicial. Si preferís algo más tranquilo y con conversación, el tote bag o las camisetas pintadas.
Dos detalles que suelen decidir:
- El precio baja cuantas más seáis, de 45 € por persona en grupos de cuatro o cinco a 31 € a partir de catorce, con materiales, vino o cerveza y almuerzo incluidos.
- Los peques caben. Si en el grupo hay madres, tenemos ludoteca durante las dos horas del taller, o se puede hacer el taller en familia. Es lo que más agradecen las que normalmente se quedan fuera.
Y una última cosa: si aun así queréis la banda, ponédsela. Pero después del almuerzo, que es cuando ya da la risa de verdad.